¿Has pensado o sentido alguna vez que te «arrepientes» de haber decidido ser padre/madre?
Seguramente conoces el burnout parental: ese agotamiento físico y emocional que aparece cuando las demandas de la crianza sobrepasan nuestros recursos. Pero el arrepentimiento parental es diferente. Es una emoción silenciosa, introspectiva, que aparece cuando te das cuenta de que la decisión de ser padre o madre ha llevado a una vida que no esperabas.
Hay que diferenciarlos:
- El burnout te hace sentir exhausto, desconectado de tus hijos y frustrado con el rol parental.
- El arrepentimiento NO SIGNIFICA QUE NO AMES A TUS HIJOS, sino que cuestionas la experiencia de la paternidad y lo que podrías haber hecho con tu vida.
A veces estas dos cosas se mezclan: el arrepentimiento puede aumentar el estrés y la culpa, y el burnout puede intensificar los sentimientos de arrepentimiento. Esto puede crear un círculo difícil de romper.
El burnout se asocia con riesgos más graves, como descuidar a los hijos o perder la paciencia. El arrepentimiento, en cambio, afecta sobre todo la calidad del vínculo emocional: la cercanía, la calidez y el disfrute de compartir tiempo juntos.
Es importante reconocer ambas cosas. Para el burnout ya existen intervenciones validadas que ayudan a reducir el estrés y restaurar los recursos. Para el arrepentimiento, se necesita escucha, apoyo y ayuda para reconstruir la identidad personal, sin juzgar.
Cuidar de los padres significa escuchar su fatiga, su ambivalencia… y a veces su arrepentimiento, sin culpas ni tabúes. Detrás de cada padre o madre agotado, hay una persona intentando mantenerse en pie… y siempre merece ser escuchada.
Si te sentiste identificado, recuerda que no estás solo y que pedir ayuda es un signo de fortaleza, no de fracaso.

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