Lo que es planeado de forma muy estructurada y exacta, paso a paso sin salirte de la línea, no suele salir como esperábamos, precisamente porque en esa exactitud radica la pérdida de adaptabilidad o amplitud de probabilidades de tener éxito.
Si lo dejamos todo en manos del azar, tampoco tendremos éxito ya que la falta de planificación y objetivo nos llevara como un barco a la deriva en alta mar. Existe la posibilidad de que llegues a buen puerto, pero solo si tienes la suerte de encontrar una corriente adecuada entre las miles que pueden existir. Sin capitán ni timonel lo más probable es que te hundas.
Cualquiera de las dos opciones lleva a la frustración y la desesperación ahogada por la gran decepción producida al no alcanzar tus objetivos.
En un caso llegamos a sentir decepción, desánimo, incomprensión, nos quedamos desorientados e incluso desubicados. Se ha echado por tierra todo el esfuerzo concienzudo llevado a cabo para idear y planificar punto por punto cada paso que te llevaría ineludiblemente a la meta, pero finalmente, te «estampaste» contra un muro.
En el otro caso, porque aunque igualmente quieres y deseas llegar a esa meta con todas tus fuerzas, no estás haciendo nada por conseguirlo. Te posicionas en la mera observación e impasividad de dejar que pase lo que tenga que pasar, con la esperanza de que por “intervención divina” acabes llegando el lugar deseado.
Para llegar a tu destino es absolutamente imprescindible tener claro el objetivo y más aún, de qué herramientas dispones para lograrlo. No hablo de alcanzar quimeras imposibles, sino de aceptar y tener en cuenta de igual modo tus limitaciones.
Partiendo de esa base realista y sincera, necesitas un mapa y un camino posible que te lleve a él. Pero no tiene porqué existir un solo camino, no siempre el más corto y directo es el mejor, ni por ser el más rápido la recompensa será mayor cuando llegues.
Observa y verás que en ése mapa hay rutas alternativas a través de las que es posible aprender, disfrutar más que en las otras, caerte y levantarte sin miedo.
Los obstáculos en el camino te harán más fuerte, si no te rindes y consigues superarlos con pasión y esfuerzo. De no ser así, no te frustres ni te quedes parado, simplemente da un paso atrás, vuelve a mirar el mapa y elije otro camino; Comienza a andar campo a través y crea el tuyo propio…
Porque para cada decisión existe un mapa y en cada mapa hay muchos caminos. Cuando te enfrentes a un reto en tu vida, aunque anteriormente hayas fracasado, aunque creas que ya es tarde para llegar porque las circunstancias te han llevado por el camino más largo, visualiza ese mapa y tenlo en cuenta.
Aprende de tus pasos y mejora con cada uno de ellos, así cuando alcances tu objetivo no solo lo habrás conseguido sino que el proceso te habrá transformado a mejor.

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