(metáfora del duelo y la transformación)

Antes de ser madre eras como una oruga.
Tenías tu forma de moverte, tus rutinas, tus gustos.
Caminabas por el mundo a ras de tierra, con seguridad, comiendo hojas a tu ritmo, donde y cuando querías.
Tenías independencia, identidad. Tenías una vida que entendías.

Hasta que un día, sin apenas darte cuenta, comenzaste a formar un capullo a tu alrededor.
El embarazo no fué solo un cambio físico: es un proceso profundo de transformación.
Una etapa intermedia. Incierta. A veces incómoda. Silenciosa.
Todo tu mundo, por dentro y por fuera, empezaba a cambiar.

Y entonces llegó el nacimiento. De tu bebé… y de ti.
Porque no solo nace un hijo. Nace una madre.
Y la oruga que fuiste ya no está.
Ahora eres una mariposa.

Pero nadie te enseñó a volar.
Nadie te explicó que no volverías a ser la de antes.
Tu cuerpo no era el mismo, tu mente en cierta forma tampoco.
Con tus patitas nuevas, tus alas inexpertas, tu forma de estar en el mundo radicalmente cambió.

Y sin embargo, puede que como muchas otras madres, quieras en algún momento volver a ser una oruga.
Quieres volver a caminar como antes, comer como antes, vivir como antes.
Y te enfadas con sus nuevas patas y con sus alas, las sientes extrañas.
Porque no eres una oruga disfrazada de mariposa.
Eres una mariposa que no sabe como volar.

Y ese miedo, esa resistencia, ese duelo por la vida que quedó atrás, duele.
Aparece la negación: “Esto no puede ser para siempre.”
Llega la rabia: “¿Por qué nadie me avisó de lo difícil que sería?”
Viene la tristeza: “Echo de menos quién era yo.”
Y también el cansancio, la frustración, la soledad.

Pero cuando, poco a poco, aceptas tus nuevas alas, todo cambia.
No es resignarse.
Es reconocerte, reencontrarte transformada y renovada.
Agradecer lo que viviste y has perdido pero también todo lo que has ganado.

Ya no eres la de antes.
Eres mucho más.
Más sensible, más fuerte, más intuitiva, más sabia.
Ahora podrías volar.
Si te atreves a desplegar tus alas, descubrirás un mundo nuevo.
No uno mejor ni peor.
Uno distinto.
Uno que solo puede ver quien se atreve a transformarse.

Bienvenida a tu nueva forma de ser tú.
Bienvenida, ma-mariposa.


Comentarios

Deja un comentario