No le pongas un límite a tus hijos así:

«Chicos, por favor, apaguen la televisión, ¿vale? Por favor».

Ni así tampoco:

«Que no le tires más el juguete a tu hermana, por favor, de verdad, ¿puedes parar ya?»

Eso no son límites.

  1. Un límite NO es lo que le decimos a un niño que no haga; un límite es cuando le decimos nosotros qué haremos.
  2. Un límite o una instrucción no debe ir seguida de un «por favor». Pon un límite o da la instrucción sin pedir por favor y sin formular preguntas.

Existe una idea errónea de que si decimos «por favor», estamos siendo más amables y respetuosos, pero no es así. Dar una instrucción de esta manera puede hacer que tu hijo perciba que estás pidiendo su aprobación para llevar a cabo lo que has dicho, dejando abierta la posibilidad de que te responda sí o no y dando la falsa impresión de que todo depende de él.

Piénsalo por un momento: tu hijo no te está haciendo un favor cuando apaga la tele, recoge los juguetes que él mismo dejó tirados, te habla con amabilidad o trata bien a los demás y respeta a los otros. Todo esto no es un favor, es su responsabilidad.

Cumplir con las normas y límites de casa no es un favor que le hacemos a los demás, es responsabilidad de todos y es algo que debemos enseñarles a nuestros hijos.

Así que, cuando pongas un límite a tu hijo, hazlo en un tono amable y firme a la vez, sin dudas y sin «por favor». Tu hijo se siente seguro y protegido dentro de unos límites claros creados por un líder confiable y maduro.

Por ejemplo:

«No voy a permitir que le pegues a tu hermana, incluso si estás enfadado con ella»

«En esta casa usamos las palabras para pedir lo que queremos».

Los límites y normas son esenciales para el desarrollo sano de los niños. Según la teoría del desarrollo infantil de Erik Erikson, una de las tareas fundamentales durante la infancia es el establecimiento de autonomía dentro de un marco seguro proporcionado por los adultos. Los límites claros y consistentes ayudan a los niños a entender las expectativas y las consecuencias de sus acciones, promoviendo un sentido de seguridad y estructura (Erikson, 1950).

La teoría del aprendizaje social de Albert Bandura sugiere que los niños aprenden comportamientos observando e imitando a los adultos en sus vidas. Si los adultos muestran inseguridad o falta de claridad en sus instrucciones, los niños pueden percibir que las reglas son negociables y pueden no tomarlas en serio (Bandura, 1977). Además, la teoría de la autodeterminación de Deci y Ryan destaca la importancia de la estructura en la crianza, donde los niños necesitan entender claramente las expectativas y los límites para desarrollar una motivación intrínseca y una conducta regulada internamente (Deci & Ryan, 2000).

El concepto de «responsabilidad» en el desarrollo infantil está profundamente ligado a la teoría de la disciplina positiva de Jane Nelsen, quien argumenta que los niños necesitan aprender a asumir responsabilidades y entender las consecuencias naturales y lógicas de sus acciones para desarrollarse como individuos responsables y respetuosos (Nelsen, 2006).

La teoría del apego de John Bowlby enfatiza la importancia de una figura de apego que sea consistente y predecible. Los niños se sienten seguros y protegidos cuando saben que sus padres actuarán de manera confiable y establecerán límites claros y consistentes (Bowlby, 1969). Además, la teoría de la comunicación efectiva en la crianza sugiere que la combinación de firmeza y amabilidad en la entrega de instrucciones ayuda a los niños a comprender y aceptar las normas sin sentir resentimiento o confusión (Gottman, 1997).

Por tanto, da instrucciones sencillas, claras y directas y si no hacen caso, actúa de forma tranquila pero firme, sin dudar o cambiar de opinión.

Referencias:

  • Bandura, A. (1977). Social Learning Theory. Prentice-Hall.
  • Bowlby, J. (1969). Attachment and Loss. Vol. 1: Attachment. Basic Books.
  • Deci, E. L., & Ryan, R. M. (2000). The «What» and «Why» of Goal Pursuits: Human Needs and the Self-Determination of Behavior. Psychological Inquiry, 11(4), 227-268.
  • Erikson, E. H. (1950). Childhood and Society. Norton.
  • Gottman, J. M. (1997). Raising an Emotionally Intelligent Child. Simon & Schuster.
  • Nelsen, J. (2006). Positive Discipline. Ballantine Books.

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