¿Qué es la comunicación?
La comunicación es la capacidad para la interacción, para el intercambio y para la transmisión de información, actitudes y afectos entre las personas. Es ese vehículo que nos permite comprendernos, reconocernos y compartir. Es una herramienta para enseñar y para aprender. En definitiva, la comunicación es imprescindible para nuestro desarrollo y para la convivencia.
La familia es el primer lugar de socialización y, como dijimos el primer lugar en el que aprendemos a comunicarnos. Los padres y madres, somos los maestros y maestras de la comunicación para nuestras hijas e hijos y nuestro modo de comunicarnos va a moldear y condicionar el suyo. Así que quienes sean capaces de expresar y comunicar bien van a brindar ese modelo de aprendizaje. Si, por
el contrario, le cuesta más expresarse, tienen mayor introversión o no acostumbran a transmitir sus emociones y su forma de pensar, favorecerán el aprendizaje de este modelo de interacción.
La comunicación es un vehículo para la transmisión de emociones, de actitudes, de valores. No se limita a la palabra y por eso debemos saber qué implicaciones tiene.
¿Cómo nos comunicamos?
Los seres humanos nos expresamos en todo momento, aun cuando no deseamos hacerlo. Por ejemplo, cuando no queremos hablar, pero insisten e insisten sin conseguirlo, les estamos respondiendo con nuestro gesto y con nuestra actitud, les estamos hablando sin palabras. Nuestro silencio y actitud es una forma de comunicación y tiene un efecto.
¿Por qué? En la comunicación nos expresamos con todo nuestro ser, es decir, transmitimos verbal y gestualmente. Nuestras palabras acompañan a nuestros gestos y viceversa. Ambas maneras suelen estar coordinadas. Así que cuando expresamos con palabras el afecto, también lo expresamos con nuestros gestos.

En ocasiones la comunicación verbal y no verbal dejan de estar acompasadas. Son situaciones en que con la palabra expresamos una cosa y con nuestros gestos otra distinta y es ahí donde empiezan muchos problemas de comunicación. Por ejemplo, cuando les que les estamos escuchando, pero no les miramos mientras nos hablan, estamos provocando una confusión y un sentimiento contradictorio.
La palabra es muy importante, pero es más importante todavía que esté en armonía con nuestros gestos y actitudes para una comunicación plena y satisfactoria en la familia.
También es importante tener en cuenta que en la comunicación no es solo importante nuestra capacidad para expresarnos. Para poder, comunicarnos de manera efectiva y satisfactoria es imprescindible saber escuchar.
La comunicación solamente es efectiva cuando las personas saben escucharse atentamente, saben dar tiempo a la otra persona para que se exprese y muestran interés en comprender a quién escuchan.


Estilos de comunicación
Cada persona tenemos un estilo de comunicación, una manera particular de relacionarlos, un modo de expresarnos que nos caracteriza.
Las investigaciones sobre comunicación humana han agrupado los distintos estilos de comunicación en tres grandes categorías:

Estilo constructivo o asertivo: se caracteriza por ser capaz de expresar directamente sentimientos, deseos, derechos legítimos y opiniones con claridad, pero sin imponer, amenazar o castigar a los demás y respetando los derechos de esas personas. Este estilo constructivo implica respeto hacia
mí para expresar y defender las necesidades propias, pero siendo capaces de respetar a quienes están participando en la conversación.
Las personas que utilizan un estilo de comunicación constructivo o asertivo se caracterizan por:

  • Participan agradablemente y suelen llevar la iniciativa al entablar conversaciones.
  • Defienden sus derechos, pero respetando al resto.
  • Expresan sus sentimientos y su afecto con claridad.
  • Cuando hacen una crítica, lo hacen de manera positiva evitando descalificar o faltar al respecto.
  • No admiten que se les falte al respeto, pero tampoco reaccionan coléricamente.
  • Cuando preguntan algo, intentan decir con precisión lo que quieren saber y no admiten excusas ni ambigüedades por respuesta.

Estilo pasivo se caracteriza porque no se es capaz de expresar abiertamente sentimientos,
pensamientos y opiniones o al hacerlo transmiten inseguridad o falta de confianza. Las personas que utilizan un estilo de comunicación pasivo se caracterizan por:

  • Hablan poco por temor a abusar de la paciencia del resto.
  • Rara vez lleva la iniciativa en los encuentros.
  • Evita los enfrentamientos, aunque tengan la razón.
  • En las conversaciones, permanecen más tiempo en silencio que participando
    activamente.
  • Estilo agresivo, se caracteriza por expresar pensamientos, sentimientos y opiniones de una manera impositiva e inapropiada.
    Las personas que utilizan un estilo de comunicación agresivo se caracterizan por:
  • Al hablar tratan de quedar siempre por encima del resto.
  • Provocan disputas innecesarias.
  • Actúan desconsideradamente señalando errores o defectos
  • Interrumpen, cuando quieren, a quien está hablando.
  • Tienden a darse importancia.
  • ¿Cómo lo ven nuestros hijos e hijas?
    Durante la adolescencia, el lenguaje se sigue desarrollando. Los chicos y chicas tienen una mayor capacidad de razonamiento, construyen frases más complejas, enriquecen su vocabulario y comprenden que las palabras tienen distintos significados, lo que les permite manejar la ironía y crecerse en los debates. Son capaces de establecer un código de comunicación propio con otros adolescentes y disfrutan de la comunicación con ellos.
    La comunicación entre iguales se vuelve muy importante porque les ayuda en su proceso de maduración. Por eso nos sorprende que hablen durante horas utilizando todo tipo de medios. Si escuchamos alguna de estas conversaciones nos pueden parecer banales y poco productivas, sin embargo, están creciendo con ellas, tienen una función para su desarrollo cognitivo y debemos tenerlo
    en cuenta.
    El desarrollo madurativo conlleva ciertos desajustes temporales, por ejemplo, que la evolución del lenguaje no está acompasada con la madurez emocional. Por eso, es habitual encontrarse con adolescentes que se comunican como personas adultas pero que se comportan todavía como niños o niñas. Ante esas circunstancias, es fácil sentir desconcierto, esperamos que la madurez de sus razonamientos les acompañe ciertas conductas y eso no es siempre así.
    Además, durante la adolescencia se adquiere la perspectiva social, por ello emerge con fuerza una actitud crítica ante lo que les rodea, surge el cuestionamiento sobre lo establecido en el entorno y las contradicciones que descubren. Tienen una nueva capacidad de argumentación y contraargumentación en sus conversaciones y hay veces, que pueden resultarnos agotador.
    En algunos momentos, se convierten grandes críticos o críticas, otras veces, se reafirman en sus posiciones con beligerancia, se miden con cierta cabezonería o se cierran como conchas. No debemos olvidar, que es un periodo de gran transformación, su cerebro está madurando y tiene una gran
    actividad.
    Es un periodo en el que reclaman activa o pasivamente su sitio, quieren tener voz y voto en lo concerniente a sus vidas y a la relación familiar. Así que la negociación comienza a ser necesaria y prioritaria en la relación.
    Para los padres y las madres, la comunicación con adolescentes puede hacerse difícil. Especialmente cuando no sabemos tomar distancia, entramos en el juego de sus provocaciones y nos ponemos a discutir. Son reacciones humanas, nadie es perfecto, pero cuando entramos en casa en esa dinámica,
    dejamos de ser operativos durante una etapa en la que nos necesitan especialmente.
    ¿Qué podemos hacer como padres y madres?
    Los padres y madres, debemos tomar conciencia que, durante la adolescencia, tienen un enorme desarrollo del lenguaje y ensayan con esta herramienta para seguir creciendo. Se entrenan como futuras personas adultas debatiendo, cuestionando, reflexionando, reafirmándose y criticando. Algo que no debe asustarnos, pero que nos obliga a “volver a entrenar y refrescar” nuestras habilidades de comunicación.
    Es un periodo complejo y debemos evitar que las dificultades de comunicación que puedan surgir generen daños en la relación familiar. Nuestro objetivo debe ser mantener un buen el clima familiar, transmitir seguridad a sus miembros y garantizar que predomina una comunicación basada en el afecto.
    Por eso es importante conocer cuáles son las barreras más comunes en la comunicación entre progenitores y sus hijas e hijos:
  • Una mala elección del lugar y el momento para comunicarse
  • Tener un estilo de relación agresivo o pasivo
  • Mensajes inconsistentes (decir una cosa con palabras y expresar otra con nuestros gestos).
  • No escuchar activamente.
  • Encontrarnos en un estado emocional inadecuado para hablar, enfado, cansancio, etc.
  • Juzgar los mensajes, criticar, culpar y etiquetarles en nuestras conversaciones.
  • Ironizar, ridiculizar y ser sarcásticos en la comunicación

    Para poder ayudarles, debemos reflexionar sobre nuestra capacidad de escucha, sobre cómo hacer y recibir críticas y analizar alguna estrategia que nos permita gestionar las situaciones de conflicto.
    ¿Cómo nos hablamos?
    Revisamos algunas estrategias:
    1.- La escucha activa
    La vida familiar está llena de obligaciones y de gestión logística: organizar la casa, la comida, las compras, las actividades extraescolares, el trabajo, et. Un sinfín de actividades que nos agota y que nos dificulta la comunicación con nuestros hijos e hijas. Sin embargo, la comunicación solo es tal cuando
    en ese intercambio somos capaces de escuchar de forma atenta y con interés (escucha activa).
    La escucha es imprescindible para la comunicación adecuada y las prisas de la vida no favorecen que escuchemos. Por eso, la “no escucha” es una de las principales fuentes de conflicto en la familia, que además se percibe por ambas partes.
    Si quieres mejorar la escucha, ten en cuenta lo siguiente:
  • Busca el momento adecuado.
  • Contextualiza lo que se escucha teniendo en cuenta el momento evolutivo
  • Mira claramente a los ojos.
  • Realiza gestos de asentimiento.
  • Dirige la mirada hacia quien reclama nuestra atención.
  • Repite aquellas palabras clave que ha utilizado, para indicar atención.
  • Resumen los aspectos más importantes de lo que te ha contado.
  • Comprueba que estás entendiendo lo que te cuentan (haciéndole preguntas si es necesario).
  • Mantén una actitud tranquila y serena.
  • Expresa tu agrado por la conversación.
  • Haz referencia en otras ocasiones a la conversación mantenida.
  1. Cómo hacer y recibir críticas
    Los padres y madres, en nuestra función educativa, nos encontramos con situaciones en las que debemos corregir a nuestras hijas e hijos para que mejoren una actitud o un comportamiento. Es muy importante hacerlo, sin embargo, hacer críticas resulta complicado para quien las hace e incómodo
    para quien las recibe, especialmente si es sobre algo que nos ha molestado. Pero si somos capaces de hacerlo correctamente, les enseñaremos a cambiar sin que se sientan descalificados como personas.

    Aquí tienes los pasos a seguir para hacer críticas:
  • Describe el comportamiento concreto que quieres que cambie
  • Expresa tus sentimientos ante ese comportamiento
  • Sugiere cambios de comportamiento concretos
  • En caso de que estéis en desacuerdo:
    o Escucha.
    o Empatiza.
    o Usa la técnica de “Disco rayado”.
  • Ofrece otras alternativas.
  • Valora la solución final.
    ¿Y cuando tenemos que recibir una crítica?
    Cuando son adolescentes también nos convertimos en objeto de sus críticas. Han crecido y tienen su propia manera de percibir la realidad y la relación familiar, por lo que en más de una ocasión nos van a señalar aspectos que no les gustan y debemos estar preparados y preparadas.
    Sigue estas pautas para recibir críticas:
  • Escucha la crítica sin interrumpir y dando señales de que estás escuchando.
  • Pide que concrete cual es el comportamiento problemático.
  • Una vez entendido:
    o Si consideras que puede tener razón y quieres cambiar:
  • Expresa que entiendes su malestar.
  • Acepta la responsabilidad en el problema.
  • Valora positivamente el hecho de haber hablado del problema.
    o Si consideras que no tiene razón o no que quieres cambiar:
  • Expresa que entiendes su modo de pensar.
  • Explica que no vas a cambiar y cuál es tu visión del problema.
  • Valora positivamente el hecho de haber hablado del problema.
  1. Gestión de conflictos
    Las relaciones humanas se caracterizan por la gestión permanente de conflictos pequeños y grandes.
    La convivencia no es sencilla, implica una búsqueda constante de equilibrio y, para ello, la comunicación es la herramienta. Esto también ocurre en la familia, tenemos que gestionar los conflictos cotidianos utilizando la comunicación.

    A veces las madres y padres tenemos que utilizar estrategias cuando se ponen insistentes en cosas que no queremos hacer o que no queremos que hagan. Mantenernos firmes en esas situaciones, no es fácil, pero la técnica del “disco rayado” (mantener nuestras directrices como un mantra), puede ayudarnos a tener mayor efectividad o por lo menos a evitar discusiones interminables que pueden agotar nuestra paciencia.
    En otras ocasiones, nuestro estado de ánimo puede ser poco propicio para comunicarnos s y si no lo manejamos adecuadamente puede originarse una discusión poco constructiva. En estos casos puedes utilizar la estrategia de “tiempo fuera”. (cerrar la discusión y emplazarla a otro momento más propicio)
  2. La negociación
    La adolescencia es la etapa de la negociación familiar, su crecimiento y sus nuevas necesidades nos obliga a cambiar la organización. Es un proceso de ajuste en el que la negociación se convierte en una herramienta imprescindible para favorecer la convivencia y el buen clima familiar. A continuación, te brindamos unas pistas para hacerlo:
  • Define el problema a negociar.
  • Comunica tu opinión acerca del problema.
  • Pregunta a las otras personas cuál es su opinión.
  • Escucha activamente sus respuestas.
  • Empatiza con su malestar, si se produce.
  • Sugiere un acuerdo posible.
  • Escucha alegaciones o alternativas.
  • Llega a un acuerdo.
  • Expresa satisfacción por el acuerdo alcanzado entre todos.
    Estas sencillas pautas, te servirán para comunicarte mejor. No obstante, las habilidades de comunicación requieren de un entrenamiento práctico y más completo.

    Recuerda que…
  • La adolescencia se caracteriza por la adquisición del pensamiento formal y abstracto, la capacidad de comunicación se hace más efectiva y al reforzarla mejoran también su desarrollo cognitivo.
  • La adolescencia es una etapa de cuestionamientos, debates, reflexiones, etc., y los padres y madres debemos estar preparados y preparadas.
  • La comunicación no es tal si no contempla la escucha activa.
  • Reforzar la comunicación familiar es un factor de protección que previene conductas de riesgo.

Texto obtenido del INSTITUTO DE ADICCIONES DE MADRID SALUD. https://www.madrid.es/portales/munimadrid/es/Inicio/Servicios-sociales-y-salud/Direcciones-y-telefonos/Instituto-de-Adicciones/?vgnextfmt=default&vgnextoid=daf6e0e1f181c010VgnVCM1000000b205a0aRCRD&vgnextchannel=2bc2c8eb248fe410VgnVCM1000000b205a0aRCRD


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