¿Has levantado la voz a tus hijos? ¿Les has hablado mal o les has dicho algo de lo que te arrepientes? No te sientas mal, a todos nos pasa.
Ser padres o madres no te convierte en un ser infalible y los errores son parte del camino, lo importante es saber cómo gestionarlos.
Si has cometido un error, toca pedir perdón y tratar de reparar el daño que has hecho. Es justo que lo mismo que exigimos a nuestros hijos, nos lo apliquemos nosotros ya que, como decía, a demás de ser justo, ellos aprenden de nuestro modelo. si quieres que ellos sean responsables y honestos, pues debes serlo tu también.
Y no pasa nada por ser imperfectos, para nuestros hijos tener el modelo de padres imperfectos es muy liberador, saber que todos tenemos derecho a cometer errores y que no somos seres perfectos que nunca se equivocan, también lo hacemos, pero asumimos la responsabilidad al igual que queremos que ellos lo hagan. Por eso les damos también ese modelo en el que reconocemos la culpa y tratamos de reparar el daño causado.
Pedir perdón a tus hijos no es un acto de debilidad, sino que es un acto de valentía y de responsabilidad. demuestra que eres capaz de reconocer tus errores y que te preocupas por su bienestar y además les enseña una valiosa lección sobre la importancia de la humildad y la reparación del daño.
Pedir perdón no te hace menos padre o madre, no hace que pierdas autoridad, al contrario, demuestra que eres una persona madura que está dispuesta a aprender de sus errores.
Pedir perdón en es un acto de amor y de respeto hacia tus hijos.

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