Una pregunta importante que os podréis haces es: ¿Cómo saber si mi hijo/hija está desarrollando una buena autoestima?
Pues bien, la valoración hacia sí mismo/a puede conllevar frases negativas como: “Es que nunca me sale nada bien”, “No quiero hacer eso porque no me va a salir”, pero también se puede comportar de modo sobre exigente: “Sacar un notable está muy mal”, “Esta canción la he tocado fatal” o proyectando la responsabilidad de hechos negativos en las demás personas: “Hemos sacado esta nota porque mis compañeros lo hicieron mal”, “El salón no está recogido por culpa de mi hermana”.
La familia y figuras de referencia para los niños y niñas son clave para desarrollar la base de una autoestima sana ya que desde etapas tempranas pueden aportar seguridad y cuidado a través de unos vínculos afectivos positivos y estables, confianza en sus capacidades y habilidades, aceptación de sus particularidades como personas únicas y darles la posibilidad de que actúen libremente.
Todo ello, podrá desembocar en una imagen de sí mismo/a, un autoconcepto (aquello que pienso sobre mí) y una autoestima saludables ya que progenitores, hermanos/as, amigos, docentes, etc. hacen de espejo para los niños y niñas.
Algunas pautas familiares que ayudan a fomentar una buena autoestima:
- Ofrecerles una relación de afecto protectora, estable y sana: Debemos procurar que su espacio seguro sea donde se encuentre su familia, es decir, debemos procurar que en el entorno familiar no haya críticas negativas y que no juzguemos, ni entre nosotros ni a otras personas.
- Hacerles sentir personas importantes mediante la escucha activa, las preguntas y la valoración de sus actitudes, opiniones y conductas. Hay que tener en cuenta y escuchar sus opiniones sin juzgarlas.
- Hacerles conscientes de sus logros y mejoras y valorar positivamente sus esfuerzos. Si quieres que siga por un camino, celebra cada paso que de por el e ignora los que de en sentido contrario, es decir, se consiguen mejores resultados reforzando lo que queremos que haga que rechazando activamente lo que no queremos.
- Fomentar la observación realista de uno/a mismo. La autoestima debe estar basada en aptitudes reales de nuestro hijo/a. De nada sirve hacerles creer que han alcanzado un objetivo cuando no es cierto. Esto solo les generará frustración y dañará enormemente su autoconcepto.
- Animarles a que tengan metas y asuman riesgos. Si nos plantean en algún momento alguna afición o algún objetivo que quieran conseguir, es la oportunidad perfecta para animarles y orientarles a conseguir sus metas.
- Criticar de modo constructivo la conducta a mejorar y no a la persona. No etiquetarles. En lugar de criticar debemos proponer alternativas, ¿y si lo haces mejor así …? ¿Has pensado cambiar esto…?
- Valorar sus fortalezas y ayudarles a mejorar en sus limitaciones. Afrontar la derrota y tus propios límites forma parte del proceso para aceptarse a uno mismo.
- Facilitar conversaciones cercanas, abiertas, fluidas y profundas. Si quieres que sean personas maduras, trátalos y háblales como tal.
- Ser un referente positivo, saludable y cercano. El ejemplo es el mejor maestro, no podemos pedirles lo que ni nosotros mismos llevamos a cabo. Podemos ver esos momentos como oportunidades para mejorar en familia.
- No compararles con hermanos/as o amigos/as. Como dice el refrán, las comparaciones nunca fueron buenas. De las cosas más dañinas que existen en una dinámica familiar es la comparación entre hermanos. ¡Nunca estará justificado!
- Establecer límites y normas ajustados a su edad y nivel de maduración. Conocer qué se les puede pedir en función de sus aptitudes y conocimientos para no ponerles objetivos o tareas que no puedan lograr ya que esto dañaría su autoestima.
- Impulsar la expresión de emociones, su gestión y el reconocimiento de las mismas en otras personas. Como siempre una buena gestión emocional es fundamental.
- Permitir que vivencien que no siempre se logra aquello que se desea y en el momento que se desea. Aceptar los límites y la frustración sin que esto te genere daño o dolor personal es una de las herramientas más importantes que se les puede enseñar a nuestros hijos.
Promover una autoestima saludable en los y las menores es una responsabilidad de los adultos que les acompañan en su proceso de crecimiento y un valor para desarrollar personas más maduras, comprometidas, sociales y satisfechas consigo mismas y con su entorno.

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