Que los adultos los traten y los entiendan como niños.
Prueba en lugar de decirles rápido, ya es la hora para ir a la ducha, ya tienes que apagar la televisión y meterte en la ducha, decirles, hagamos una carrera, el primero que llegue a la ducha gana.
O que tal si en vez de, ¿pero porqué estas llorando ahora? no es para tanto, ya iremos al parque otro día, le dices, entiendo que querías ir al parque y que te pongas triste porque al final está lloviendo y no podemos ir. Como sé lo mucho que te gusta el parque, ¿Qué te parece si el siguiente día nos quedamos más rato que de costumbre para recuperar el de hoy? Ven mi vida, está bien llorar cuando algo te molesta o no te gusta, aquí estoy para abrazarte y entenderte.
Y cuando se equivoque, suspenda o cometa un error, en lugar de castigarlo y regañarlo, le dices, bueno amor lo has intentado y ésta vez no ha salido como esperabas, pero sigue esforzándote y lo conseguirás, yo estaré aquí si me necesitas.
Las pataletas, rabietas, frustraciones y llantos por su parte seguirán ocurriendo, son perfectamente normales, sanos y forman parte del proceso de su desarrollo y aprendizaje del mundo. Está claro que no somos perfectos, pero la próxima vez probad con respirar profundamente, ser conscientes de la situación, recordar que los adultos somos nosotros y que el fuego no se apaga con fuego. Tratemos de mejorar nosotros nuestra actitud desde el cariño y la comprensión para que ellos mejoren la suya.
Los niños son niños y necesitan juego, conexión e instrucciones cortas y asertivas, así evitarás frustraciones innecesarias tanto suyas como tuyas.
P.D. Si éste tipo de situaciones llegan a suponer de manera recurrente un malestar para algunos o todos los miembros de la familia, notáis que cada vez son más frecuentes los conflictos y su duración en lugar de disminuir, se incrementa, os recomiendo como siempre acudir a un psicólogo/a experto/a para que pueda ofreceros ayuda y asesoraros.

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